El Laberinto de la Quimera

Friday, October 14, 2005

Miguel Ángel Díaz


Esta tarde, mientras navegaba en Internet hacia ninguna parte, me tropezé con una curiosa página: cicloviajeros. Aparentemente es una web normal, pero lo especial reside en que es la web de un antiguo profesor mío de matemáticas: Miguel Ángel Díaz. Este hombre ha viajado por todo el mundo en bicicleta y ha pasado a tinta sus vivencias.
Miguel es un ejemplo de hombre aventurero, de loco (en buen sentido), de héroe. Mientras nos pudrimos en la monotonía, él recorre el mundo en busca de la esencia de la vida, y en cada rincón encuentra una pieza nueva de un puzzle que cada vez se hace más grande.
"Cuando te aburras de dividir polinomios, podrás viajar por todo el mundo"
Esa fue su extraña dedicatoria que me hizo de su libro, De la Alcarria al Himalaya. De haber sido así, ya habría dado varias vueltas al mundo. Recientemente ha publicado otra obra con sus viajes por América, pero que no he podido adquirir.
Qué ganas tendría yo de coger una bicicleta y marcharme lejos de aquí, con todos los problemas viento atrás, pero me encadenan fuertemente, y es una cadena que no consigo romper con mi fuerza.
Podría escribir mil páginas sobre él, pero es mejor que lo conozcáis vosotros mismos, entrad en su página y leed sus obras, tan amenas como él mismo, y así de paso, le echáis una mano, que nunca viene mal.

Wednesday, October 12, 2005

Nihil

Una mano más fría que la nieve le reincorporó de nuevo a la decrepitud. Sin mediar palabra lo acompañó hasta su casa.
Lo condujo directamente hacia la cama, recia en apariencia, pero que en su estado parecía navegar en una ligera embarcación en un océano agitado. Respiraba aparatosamente, mientras el hombre abría un pequeño mueble de la habitación y se servía un poco de whiskey. Dio un breve sorbo, saboreando lentamente el licor. Se acercó hacia el cuerpo moribundo, y le susurró:
-Ya no quedan más granos de arena en tu reloj. Lo siento, me he quedado sin tinta.
-Tinta negra, ¿verdad?.
-Siempre he hablado de tí con esa tinta. En eso somos hermanos, hijo mío. He enjendrado un espectro de mi espejo, pero ya no hay tiempo, he de matarte. No te puedo dar más páginas.
-Sólo soy un puñado de líneas, pero mi fantasma siempre vaga contigo.
-No tengo más remedio, no encuentro nuestro lugar en el mundo, acaso sea el mismo. Mi existencia es la tuya, la mía no sé a quién pertenece.
-La pirámide de la creación quizá no tiene cima.
-Sobre nuestras cabezas hay un cetro, efímero en apariencia, pero que se transmuta de generación en generación. Mueve con sus cuerdas a la sociedad, alimentándola de demagogia y agravando su parálisis.
-Todo intento es vano.
-La solución llega ahora mismo para tí, yo tendré que esperar.
Finalmente dio un largo sorbo hasta dejar seco el vaso, alzó la mano para despedirse de él y cerró la puerta.

Este texto borroso formará parte de una obra de mayores dimensiones. Las palabras son el testimonio de mi alma, y mis personajes son, como antes he dicho, mis propios reflejos en un espejo deformado. Allí se encuentra la realidad, o al menos, una de ellas.